12 febrero 2014

Alemania denuncia que "los empresarios catalanes temen la ira nacionalista"



Miedo. Tienen miedo. Esa fue la conclusión que un nutrido grupo de empresarios alemanes sacó de las instituciones empresariales afincadas en Cataluña y de los empresarios de esta comunidad. Durante un tiempo, los ejecutivos germanos buscaron el apoyo de algunas instituciones económicas y patronales para canalizar su malestar en contra del proceso independentista de Artur Mas, pero no encontraron a nadie que los apoyase. “Nadie se quería mojar, porque hay miedo. Hemos detectado que la gente no está dispuesta a dar su nombre y a hacer pública su postura. Por ello, utilizamos nuestras redes y en una semana conseguimos que 60 grandes ejecutivos apoyasen el manifiesto. Y son sesenta firmas muy conscientes de lo que arriesgan, pero que se decidieron a levantar la voz”, explica a El Confidencial el abogado Carlos Wienberg, fundador del despacho barcelonés del mismo nombre.

¿Miedo de los empresarios catalanes? ¿A quién? “Tienen miedo a represalias, a perder clientes, a que la ira nacionalista se vuelque en contra de ellos, porque esto puede llegar a ser un fenómeno incontrolable”. Para Wienberg, “a los alemanes nos sorprende mucho esta situación, especialmente porque vivimos en una democracia. Pero sabemos de lo que hablamos. En nuestro país hemos sufrido las consecuencias del nacionalismo, hemos visto muchas cosas que no nos gustaban. Y aquí vemos cosas que tampoco nos gustan, como por ejemplo el miedo que existe”.

De esa generalización de pavor que atenaza al empresariado se excluyen dos nombres de referencia: el editor José Manuel Lara y el presidente de Freixenet, Josep Lluís Bonet, que alertaron públicamente de los peligros de la independencia. A ellos se refirió ayer Albert Peters, expresidente del Círculo de Directivos de Habla Alemana (KDF, en sus siglas en alemán), al presentar el manifiesto, ya conocido como Declaración de Barcelona, en nombre de la plataforma de ejecutivos Cataluña sin Europa, No.
“Como empresarios, profesionales liberales y residentes en Cataluña, observamos con gran preocupación las tendencias independentistas, que tienen como finalidad separar a Cataluña de España”, dice el texto de la Declaración.


Los peligros del “fervor nacionalista”

El manifiesto subraya que “si Cataluña se separa de España, ya no pertenecerá a la Unión Europea. Las negociaciones de adhesión para reincorporarse de nuevo durarían años y requerirían unanimidad. Si Cataluña quedara fuera de la Unión Europea, es dudoso que el euro siga siendo su moneda oficial. No existiría la financiación a través del Banco Central Europeo. Tampoco existiría la libre circulación de trabajadores, mercancías, servicios y capitales. Todos los convenios para evitar la doble imposición y los referidos a la Seguridad Social deberían renegociarse en un largo proceso. Todo esto conllevaría nefastas consecuencias para la economía en Cataluña”.

Y concluye que “alertamos de los peligros de un fervor nacionalista, que en el último siglo ha traído sufrimientos inmensurables sobre Europa y que tampoco traerá nada bueno para Cataluña”.
Todo un torpedo a la línea de flotación de las tesis independentistas de Artur Mas, porque ello evidencia que el capital, el gran capital, le da la espalda. Y, especialmente, el capital alemán, aquel en cuyas manos están algunas de las multinacionales más importantes de Cataluña, que no quiere ni oír hablar de independencia.


Silencio del Govern

Carlos Wienberg explica a El Confidencial la génesis de este movimiento: “Entre el grupo de empresarios que apoyamos la Declaración había ya hace tiempo un fuerte malestar por el hecho de que nadie alertase sobre los graves problemas que habría si Cataluña saliera de Europa y del euro. Nadie, excepto algunas honrosas excepciones, alertaba de esos peligros. Y desde el punto de vista de empresarios de fuera no lo entendíamos. Eso nos producía una gran insatisfacción y nos sentimos en la obligación de expresar nuestra opinión sobre el proceso independentista”.


El conseller de Presidencia y portavoz del Gobierno catalán, Francesc Homs. (EFE) 

El conseller de Presidencia y portavoz del Gobierno catalán, Francesc Homs. (EFE)El portavoz del Gobierno y consejero de la Presidencia, Francesc Homs, eludió pronunciarse públicamente sobre la Declaración, pero a nadie se le escapa que es un mazazo sin precedentes para el Gobierno de Artur Mas. Entre los que apoyan el texto antisecesionista hay nombres propios de mucha enjundia que participan en la plataforma a título individual pero que, lógicamente, se asocian al peso específico de sus empresas: y son nombres como Erwin Rahue, consejero delegado de BASF España, o Gerhard Esser, exconsejero delegado de Thyssen Krupp Materials.

Albert Peters, junto a una delegación de estos empresarios, mantuvo contactos con el Gobierno catalán. Primero fue con el propio Artur Mas. Y hace diez días se vio con el consejero de Empresa y Empleo, Felip Puig, a quien hicieron llegar sus temores. Fueron las primeras tomas de contacto. En los próximos días, habrá discretas llamadas desde la Generalitat para reconducir la situación. Pero, mientras tanto, los empresarios alemanes se reafirman en sus posiciones. “Esta misma tarde, hemos recibido un e-mail de un empresario de Lérida que nos felicita por nuestra iniciativa. Nos dice que él no se atreve a expresarse en estos términos, pero que ve necesario que alguien lo haga y cuente la verdad de lo que puede pasar si se llega a la independencia”, explica Wienberg.


El mazazo de Joan Rosell

No fue el único mazazo de la jornada. Artur Mas vivió un auténtico día horribilis, porque a la Declaración de Barcelona hay que sumarle las manifestaciones del presidente de la CEOE, Joan Rosell, que se descolgó paralelamente con un posicionamiento inequívoco frente a los secesionistas: “La mayoría de los catalanes ni se quieren ir ni nos queremos ir”. Rosell vaticinó un desastre económico en el caso de que Cataluña se separe de España, pero también “un destrozo importante de las relaciones humanas”.


El presidente de la CEOE, Joan Rosell. (EFE) 

El presidente de la CEOE, Joan Rosell. (EFE)El posicionamiento del líder de la gran patronal se asemeja al expresado durante las pasadas semanas por representantes del propio Gobierno español y de algunos partidos políticos que se encuentran en la oposición en Cataluña. El primero en alertar de esa deriva fue el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, quien aseguró que, en las últimas fiestas navideñas, algunas familias no habían celebrado los tradicionales ágapes por diferencias políticas entre miembros de las mismas. De ahí que, si las de Rosell fuesen unas opiniones aisladas con una simple lectura política, los representantes del Gobierno catalán tendrían argumentos más que suficientes como para neutralizarlas.

Pero la cuestión no es esa. La cuestión es que la desafección ciudadana hacia los políticos ha ido trasladándose hacia el sector del capital: ahora son las empresas las que se sienten muy lejos de los gobernantes y de sus estrategias y tácticas. Y a la desafección de Rosell se le añade la del gran capital alemán. Ya no es una valoración individualizada, sino todo un frente empresarial el que se posiciona ahora en contra de la hoja de ruta del Gobierno catalán. Y las alarmas han sonado en la plaza de Sant Jaume. Tocan a rebato.

Fuente: ElConfidencial.com 


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1 comentarios:

  1. Me parece muy indignante ese tipo de posiciones

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